jueves, 19 de diciembre de 2013

CRÓNICAS MESTIZAS; Elogio a una crisis: El LFM


Zyanya Mariana 

Qu'je m'démène ou qu'je reste coi
Je pass' pour un je-ne-sais-quoi!
Je ne fait pourtant de tort à personne
En suivant mon chemin de petit bonhomme.
Mais les brav's gens n'aiment pas que
L'on suive une autre route qu'eux,
Non les brav's gens n'aiment pas que
L'on suive une autre route qu'eux,
Tout le monde médit de moi,
Sauf les muets, ça va de soi.
G. Brassens


Piensa mal, pero en todos los casos, piensa por ti mismo.

Doris Lessing 




El 5 de octubre y 1950 se inaugura el nuevo edificio del Liceo Franco Mexicano,
el proyecto estuvo a cargo del arquitecto ruso-mexicano Vladimir Kaspé


A Igor Moreno, porque siempre le estaré agradecida
 así como a todos los maestros que me enseñaron a leer y escribir




ELOGIO A UNA CRISIS


El Liceo Franco Mexicano A.C., LFM, establecimiento escolar de derecho mexicano que ofrece una formación pedagógica bajo la tutela del ministerio de Educación Francés, está viviendo una de sus más profundas crisis desde su fundación en 1950.  El 11 de noviembre y 2013 el Consejo de Administración del LFM votó por cambiar la estructura de la escuela, de una “homologation-conventioné”  a una “homologation-parténariat”,  argumentando la creciente rispidez entre el personal docente y la administración.  
Muy pronto las dudas y el malestar en la comunidad educativa aparecieron. Dos preguntas fundamentales revoloteaban sin respuesta: 1)¿Por qué para un problema coyuntural se ofrecía una solución estructural? y 2)¿Cómo asegurar el proyecto educativo francés (profesionalización de maestros, contratación in situ, gestión educativa laica, republicana e igualitaria) a mediano y largo plazo?   
Más allá de la información insuficiente y extemporánea (que ha favorecido los rumores y la inquietud  en la Comunidad Educativa), más allá de la posible desvinculación con Francia (me pregunto si no responde más a cuestiones económicas y fiscales que pedagógicas); más allá de los deseos de la AEFE y la Embajada francesa de mantener el vínculo (me pregunto si no responde más a cuestiones geopolíticas que pedagógicas), y allende los dimes y diretes, la realidad hoy es la fragmentación de una comunidad rica en diversidad. Los padres de familia hemos pasado de apáticos y displicentes a Tiros y Troyanos en pugna. Sin embargo no nos hemos detenido a preguntar lo medular ¿qué es una crisis? ¿por qué aparecen las crisis? Y sobretodo, ¿qué podemos hacer en tanto Comunidad Educativa para aprovecharla?  Por otra parte, como consecuencia de la crisis se impone una segunda variable ¿Cuál es y será la situación del binomio maestro-discípulo, núcleo fundamental de todo proyecto educativo?

No espero que nadie comparta mi opinión. Sé, como dijera recientemente David Grossman en la FIL, que la única libertad posible es la de escribir nuestra propia tragedia, (incluso la mezquina y cotidiana) con palabras propias. 




Carlos Mérida, sin título, 1967


 

LA GEOMETRÍA DE LAS IDEAS
Bertolt Brecht decía, no sin razón, que “las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”.  El limbo entre un tiempo y otro suele convertirse en batalla campal: las opiniones se polarizan, los puntos de vista se enfrentan y pocos conceden razón al grupo contrario. La guerra se convierte en madre de lo que está por nacer y su vientre en un espacio fértil que yo llamo la "Geometría de las Ideas".
En esos momentos conflictivos solemos olvidar que un problema, aunque involucre a muchos actores aparentemente antagónicos, es sólo un problema entre personas afines, y un pequeño punto de vista en el universo de problemas del mundo.  Por eso las posiciones más extremas son sólo dos puntos equidistantes, frente a frente, igualmente válidos.  Sus diferencias se han construido a lo largo de mucho tiempo y a partir de la convivencia cotidiana.  
Si jugáramos a trazar un línea para unir las posiciones más radicales pasando por el centro, tendríamos la circunferencia de un círculo. Si después trazáramos el círculo completo podríamos hablar de la superficie del problema.  Dentro del área circular  todas las posiciones aunque no lo creamos son válidas y, por supuesto, relativas como argumentos descontextualizados.
A ello habría que añadir que las Ideas, siempre sediciosas, aparecen como una actividad de locos, criticones, rebeldes e incluso desestabilizadores en tiempos de paz; pues el pensar, realmente pensar, es una de las tantas formas del disentir.  En cambio en épocas de crisis las Ideas anuncian lo que ocultó la estabilidad y lo que está dispuesto a luchar por nacer.  

Los Chinos suelen decir que las crisis son tiempos de posibilidad, y lo son. Saben por experiencia histórica que las crisis vienen acompañadas de riquezas, cambios y profecías. Implican un período de tránsito de un estado a otro; un tiempo para detenerse, escuchar y replantear cosas. Estoy convencida que la Comunidad Educativa del Liceo Franco Mexicano (profesores, alumnos, Consejo de Administración, AEFE, padres de familia y autoridades) debemos detenernos y preguntar ¿quiénes somos? Y ¿hacía dónde queremos ir?  Algo se está muriendo ¿No deberíamos todos participar en el nacimiento?



Una casa para Diego y otra para Frida: Museo casa-estudio Diego Rivera,
de Juan O'Gorman.  Primera construcción funcionalista en Latinoamérica
inspirada en un proyecto de le Corbusier, fundador del funcionalismo




LA FERTILIDAD DE LA ESQUIZOFRENIA
Las escuelas biculturales, francófonas o anglófonas, son esquizofrénicas de nacimiento; rasgo que se acentúa en países con grandes desigualdades económicas. Por un lado sus fundadores desean conservar un mundo que espacialmente está lejos y que responde a situaciones históricas propias, muchas veces antagónicas a la realidad del lugar donde viven. Por otro son espacios codiciados por las potencias en términos de injerencia, expansión y “soft power”.
El término “Soft power" acuñado por el téorico y militar norteamericano Joseph Nye, se utiliza para definir el control de una población vía la genealogía, lengua y los valores culturales de otra nación económica o militarmente más fuerte. No es casual que las dos redes más importantes de escuelas biculturales sean la anglosajona y la francesa, ambos modelos responden al decimonónico y lejano imperialismo inglés y francés. Aunque ya no son lo que fueron, Francia e Inglatera siguen siendo potencias con intereses en los países llamados subdesarrollados como México.  De ahí que las escuelas biculturales sean apoyadas por su diplomacia pues representan espacios idóneos para la transferencia cultural y la producción de cuadros leales a los valores de las metrópolis (sistema centro-periferia). Además la injerencia en términos reales es baratísima pues son los padres de familia quienes la costean vía las colegiaturas.
Este tipo de profesionales, biculturales y trilingües, son los consentidos del sistema económico global, pero no es lo único que surge de este tipo de instituciones con presencia internacional. Entre sus exalumnos encontramos desde empresarios reaccionarios hasta luchadores sociales radicales, pasando por artistas, filibusteros, intelectuales, políticos, comerciantes, profesionistas varios; todos con un sello de la escuela en el pensamiento. Una especie de "Logo": Hecho en... para el país y el mundo.

Sin embargo todo es más complejo de lo que parece.  Si bien es cierto que estas escuelas sirven a los intereses diplomáticos de las potencias y que el "déconventionnement" de una podría desencadenar un efecto dominó en la región (el LFM es uno de los liceos más grandes del mundo y podría ser antecedente para otros liceos, incluyendo el de Río, en Brasil que también buscan la independencia de Francia), también es cierto que se han convertido, sobretodo en los últimos tiempos, en las escuelas de la élite de los países periféricos. Ello implica que las potencias subsidian con sus redes  (maestros, material y ayuda económica) a las élites de los países pobres que al entrar al sistema global se terminan por convertir en élites mundiales.  Nadie sabe para quien trabaja, canta el refrán popular, y dice la verdad pues actualmente el declive de la economía europea provoca preguntas institucionales y presupuestales con consecuencias muy localizadas: ¿vale la pena seguir financiando este tipo de escuelas de élite con los impuestos de los franceses?
La pregunta es muy compleja.  Geopolíticamente hablando la injerencia, aunque costosa en términos inmediatistas, es muy redituable a mediano y largo plazo; sin embargo la salud de las finanzas ciudadanas lo cuestionan.  Ello sin incluir otras variables como ¿qué hacer con los maestros de la Red, que a partir de la caída del muro de Berlín se institucionalizó como AEFE?   




LA HEREDAD
El Liceo Franco Mexicano le hace honor a este tipo de esquizofrenia y al contexto actual. Sus fundadores, muchos descendientes de la mítica migración de los Barcelonettes, 1851-1891 durante el porfiriato, querían para el siglo XX una formación nacional francesa para sus hijos. En realidad como afirmara Odile Hoffman, directora del CEMCA (Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos), esos hombres y mujeres que migraron de diferentes regiones de Francia eran “regionalistas" y su identidad francesa se forjó aquí, en México”. 
No hay que olvidar que a pesar de las guerras entre los dos países (Primera intervención francesa; Guerra de los pasteles; Segunda intervención francesa y gobierno de Maximiliano) o justamente gracias a ellas (muchos afirman que las carnitas usan la técnica del confit traído por soldados del sureste de Francia durante la segunda intervención francesa a Michoacán), muchos franceses llegaron a tierra ignota mexicana y se quedaron. A esa migración cuasi involuntaria habría que añadir la posterior política Porfirista favorable a la migración europea particularmente francesa que incrementó el número y bienestar de la comunidad en México.  Dados esos antecedentes no es extraño comprobar que la comunidad francesa en México sea considerada actualmente como la cuarta migración; sólo después de la norteamericana, libanesa y española y de la cual 2/3 partes llegaron antes de 1945.  

Durante el siglo XX la comunidad, ya convertida en un grupo económicamente poderoso en México, buscó consolidar su identidad nacional francesa más allá del vínculo que les daba  el colegio marista franco-inglés, ubicado en Melchor Ocampo y Marina Nacional (actualmente el predio del Centro Comercial Galerías), y el registro de sus hijos en el consulado de Francia. Fue así como a finales de la Belle Époque y en pleno auge post revolucionario, un día de 1937 un grupo de notables integró una asociación llamada Liceo Franco Mexicano A.C.. El objetivo de estos 126 integrantes de la colonia francesa, era fincar una escuela que mantuviera los principios básicos de la educación nacional francesa en México. Sin embargo fue hasta 1950, bajo los buenos oficios de Pierre Fouque, Paul Le Brun y Gabriel Bonneau, embajador de Francia en México, que se inauguró el 5 de octubre, en los límites de la novísima colonia Polanco, la primera parte del edificio del arquitecto Vladimir Kaspé, con el compromiso del gobierno francés de enviar profesores de Francia. 





Nótese el paralelo arquitectónico de la escuela secundaria Albert Einstein (Calzada México-Tacuba 215)
proyecto de 1944 y el Liceo Franco Mexicano (Homero 1521) 1950-58,
Ambas obras funcionalistas del arquitecto Vladimir Kaspé

En ese entonces nunca imaginaron que ese vínculo se convertiría 60 años después en una crisis de grandes proporciones.  En efecto la escuela adquiría, desde su fundación, dos cabezas: La primera estaba conformada por franco-mexicanos ricos, de origen francés pero con idiosincracia mexicana, que se encargaban de la administración de la escuela (colegiaturas, impuestos, pagos y contratos salariales de personal contratado en México) y sus ladrillos.  La segunda estaba conformada por franceses de clase media que, por diferentes razones, abandonaban suelo patrio y ejercían su carrera o vocación de pedagogos representando al ministerio de educación francés en México.  Los conflictos entre ambas cabezas debieron estar presentes desde siempre. Unos aunque se asumieran franceses de cepa pura eran una mezcla que había crecido como élite mexicana acostumbrada a mandar.  Los otros provenían de los valores revolucionarios franceses institucionalizados en la cultura; es decir, eran laicos y meritocráticos además creían en la igualdad, en el contrato social de la gran clase media y en la duda cartesiana. Suficientes elementos para que hubiera contradicciones y relaciones agrestes entre las dos cabezas.  Pero el poder indudable de Francia, en tanto potencia geopolítica y económica del siglo XX, dirimía los conflictos y ambas cabezas, refunfuñando quizás, se plegaban al más fuerte.  Esta convivencia agreste fue en parte el éxito rotundo de la escuela.  Muchos mexicanos, heterógeneos en sus orígenes pero seducidos por las ideas liberales francesas, metían a sus hijos al Liceo, una escuela privada pero laica, que vía los pedagogos franceses, en general hombres y mujeres jóvenes, prometía una formación de excelencia y una defensa férrea de los postulados de la escuela pública francesa.  



Cartel de la Exposición la arquitectura en Polanco, Universidad Anahuac

Por supuesto que no siempre fue así, hubo otro tipo de maestros franceses antes en México.  Desde el siglo XIX hubieron muchas escuelas francesas o varios intentos de formación afrancesada. Algunas religiosas llevadas por monjas o maristas venidos de ultramar y otras liberales; como el Liceo Franco Mexicano primero ubicado en la 2da calle de San Francisco #7, en el Centro y posteriormente entre 1855 y 1892, recuerda en sus memorias el licenciado Genaro Fernández MacGregor, en la vestuta casa de Tlaxpana, mejor conocida como la casa de los MascaronesDirigida por un liberal de la época, el señor Narciso Guilbaut quien desde su apertura, en 1851, la había incorporado al Colegio Nacional de San Ildefonso, pero conservando un carácter afrancesado que recordaría posteriormente su exalumno Justo Sierra.


Casa de los Mascarones fue estancia del Liceo Franco Mexicano


Bibioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM


Por ello cabe anotar que si el Liceo Franco Mexicano A.C. no es la primera escuela pensada para la comunidad francesa en México,  sí es la primera fundada para estrechar los vínculos entre la nación francesa y la comunidad radicada en México.  Prueba de ello es el mural, en forma de díptico, de Pierre Geofrey-Dechaume que recuerda los postulados del muralismo mexicano "arte monumental público para educar" y recibe, cada día, al alumno y al visitante con la historia de ambas naciones.
Desde su nacimiento hasta el día de hoy sus vínculos con Francia se han dado a partir de convenios que implican no sólo el envío de un profesorado calificado, con vocación y profesionalizado sino de apoyo en especie (material, laboratorios...) y becas para todos los franceses, para quienes la escuela pública es un derecho constitucional así se localice en el Distrito Federal o en  Toumbuctú. En el caso de los estudiantes mexicanos el Liceo, aunque privada y elitista, era una escuela que fomentaba la convivencia y formación critica de una población heterógenea gracias a un profesorado especializado y calificado por el Ministerio de Educación Nacional francés conocido como residentes o expatriados (el término es anterior a la existencia de la AEFE y de la incorporación del Liceo a la red). Por eso, antes de los nuevos convenios e incluso de la existencia de la AEFE, teníamos que hacer cola en la SEP para tramitar la equivalencia en México de nuestros estudios de bachillerato. 
En tanto ex alumno y padre de familia sé que el proyecto educativo del Liceo, que involucra a profesores, alumnos, Consejo de Administración, padres de familia y autoridades conformó nuestra consciencia. Tenía razón el poeta Éluard al afirmar que somos del lugar donde pasamos la adolescencia.  Para muchos gran parte de nuestra memoria e identidad se construyó ahí en Homero 1521, esquina con Plinio, y salir de sus instalaciones fue casi un “Dépaysement”. La escuela por muchas razones nos es entrañable y por eso regresamos a ella, como heredad deseada para nuestros hijos.
  


Fraccionamiento Chapultepec-Polanco
en lo que eran los terrenos de la Hacienda de los Morales.
Uno de los límites del fraccionamiento coincide justamente con la estructura del Liceo.


EL NON AU DÉCONVENTIONNEMENT
Muchas y muchos amig@s, lejanos a la crisis, me han preguntado por qué tomé partido por el "NON AU DÉCONVENTIONNEMENT".  Me conocen. Saben lo que pienso del sistema centro-periferia, de la economía globalizada y del imparable cambio que afecta al mundo y del cual la crisis en el Liceo es sólo un hecho más del montón. Pienso en el Instituto Italiano de Cultura con sede en una bellísima casa en Coyoacán, también en crisis pues el presupuesto Italiano sueña con cerrar sus puertas.  Ambas crisis responden a un proceso imparable que de broma suelo llamar "China que acecha". No tendría porque afectarme lo sucedido pues entiendo el origen y el imparable cambio que se avecina. Sin embargo en el caso del Liceo suelo responder que más allá de mis angustias, mis recuerdos y mis incoherencias está una pregunta que involucra el oficio del maestro.  
¿Cuál es el proyecto educativo que propone el LFM para el futuro y dónde quedan los maestros profesionalizados?  
Me refiero a esos profesores, pedagogos con vocación, que moldearon estos últimos siete años a mi hija.  Hablo del maestro que le enseñó a leer en "Grande section" y de la maestra diligente que me buscó preocupada por la tristeza creciente de mi hija en CP; hablo también de aquella que grabó cuentos con su voz de francesa y su tecnología casera para que los niños mejoraran la fluidez del idioma o esa mujer entrañable que les regaló a los niños disciplina mezclada de bondad y experiencia.  Incluso me refiero a aquel que le regaló armonía y sensibilidad a mi hija aunque sus clases de "grammaire" dejaran mucho que desear.  Tomé partido por aquellos que ejercen el mismo oficio que yo, porque sé que saben que no eligieron la enseñanza para volverse ricos y poderosos sino porque amaban entregarse, con todos sus defectos y todas sus cualidades, a los alumnos.  Por eso, la historia de buenos y malos es simplista e increíble, además de incoherente. No es creíble que una escuela famosa regionalmente por el éxito de sus alumnos en los exámenes de "Bacalauréat" tenga en su planta maestros tan malos. ¿Quién formó a esos alumnos para pasar sus exámenes? O acaso debo creer ¿que si los alumnos pasan los exámenes es mérito de los alumnos y si reprueban culpa de los maestros?  ¿No es acaso un argumento torcido? 
Por experiencia sé que la educación se estructura en la labor diaria de los maestros, por eso no me molesta que ganen salarios equivalentes al de un profesor universitario en México con plaza y derechos laborales ¡como deberíamos de tener todos!  Tampoco me molesta, que de vez en vez, les de el síndrome de Hernán Cortés o el de Robespierre en busca de guillotinar cabezas.  Menos aún que tengan los síntomas "Maximiliano de Habsburgo" extranjeros estudiando náhuatl mientras esperan el día de su ejecución dictada por los liberales, apoyada en lo obscurito por los conservadores que los trajeron y abandonados por Napoleón III.
Por todas estas razones no quiero a los maestros ni impolutos ni prometeicos me basta con que se hayan entregado, con amor, todos estos años a la formación de mi hija.  Entre ellos debe haber, por supuesto, indeseables, como los hay en todas partes, en todas las nacionalidades, en todas las profesiones y en todas las clases sociales.   
En este proceso de "déconventionnement", los más perjudicados son los maestros, como siempre. Aunque algunos padres de familia insistan en repetir que nuestros hijos son los más afectados. Se equivocan, los niños están simplemente mamando la época que se viene.  Los maestros en cambio se han convertido en el campo de batalla de lo político y lo económico olvidando que sin ellos no hay proyecto educativo posible. Pero del Oficio del Maestro y su importancia hablaré en una segunda parte...  













También pienso que se deben abrirse las fronteras para el libre tránsito de los seres humanos, tal como circulan las mercancías y los capitales.  Pues estoy convencida que somos de todas partes, que el origen es hacia donde vamos y no de donde venimos, y que sólo es perfecto aquel para quien el mundo entero, amado y asombroso, es como un país extranjero.



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